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La reconfiguración de las relaciones político-sociales-económicos en la cotidianidad de la población boliviana y el empoderamiento indígena, podrían con el tiempo generar otro proceso de segregación.
El acenso al poder de Evo Morales como simbología de una victoria en la lucha reivindicativa de los movimientos sociales en Bolivia y sumado a ello la auto identificación como indígena del presidente, ha generado la reconfiguración de las relaciones político-sociales-económicos en la cotidianidad de la población boliviana.
Tras haber refrendado la victoria del electo presidente con el indiscutible 53.7% de votación el 2005, inicio en Bolivia la reconfiguración del Estado Nación, los anhelos de los excluidos sectores sociales desbordo las emociones, se proyectaron las ilusiones deseosas de materializarse y fueron las mismas organizaciones sociales las que se sintieron sentadas en la silla del Palacio Quemado. La agenda para la gestión estaba escrita, Asamblea Constituyente, Nacionalización de los Hidrocarburos, juicio de responsabilidades a Gonzalo Sánchez de Lozada, serian la prioridad de la agenda, junto a ello la interminable demanda de los organizaciones. En cierta forma se puede decir que la agenda esta completa, se nacionalizaron los hidrocarburos, aunque se hallan firmado otros 44 contratos y anexos sin respetar la consulta a los Pueblos Indígenas, pero en definitiva los hidrocarburos “son de todos los bolivianos”; se convoco a la Asamblea Constituyente y después de dos años se aprobó la nueva carta magna por mayoría absoluta con 61.43% de votos y en alguna medida las otras demandas son atendidas en mayor o menor grado; lo que no se puede negar es que las organizaciones sociales afines o no al oficialismo pueden y hacen llegar sus demandas de forma directa.
Esto es lo que significa la reconfiguración de las relaciones de poder en Bolivia. El trauma en la realidad boliviana no fue simplemente el cambio de gobernante, pues en anteriores gestiones el cambio de mandatario significaba en el aparato gubernamental simplemente un reacomodo de los funcionarios de acuerdo a la militancia del partido, lo que en muchos casos no era mayor obstáculos que el cambio de escritorio. Los actores emergentes, nuevos rostros, nuevas lógicas, nuevas interrogantes, tomaron posesión de la función publica con bastantes críticas falencias, aunque pese a los contratiempos, la gestión publica supo abrirse brecha en la entramada realidad boliviana, son estos actores emergentes los que se dan empujones y hacen espacio en las “esferas del poder de Bolivia”, ¿que implica esto? en definitiva y por el momento no significa un cambio de la estructuración del Estado, pues los ejes y el paradigma de desarrollo siguen siendo el de hace 5 décadas (proveedor de materias primas), y es pertinente reconocer que el nacionalismo revolucionario a partir del 52 ha creado una cultura de funcionario publico y de la gestión publica que se sigue repitiendo en esta gestión; en otras palabras el objetivo de crear una burguesía nacional fue concretada y su resultado es el modelo y los actores que hacen a la gestión publica.
Sin embargo no debemos desmerecer ni menospreciar el impacto de las políticas de esta primera gestión nacional del Movimiento al Socialismo, políticas como el paquete de bonos y la infinidad de proyectos que favorecen a sectores empobrecidos y los micro y pequeños empresas, estas políticas calificadas de “populistas” nos muestran cual es el sector priorizado para el presente gobierno, de la misma forma cómo en gestiones pasadas fueron priorizados otros sectores de la sociedad Boliviana.
Entonces, ¿cual es el proceso de cambio? El principal y el más loable cambio en la realidad boliviana es el empoderamientos político de los sectores profundamente populares; el principal proceso de cambio es el empoderamiento y la visibilizarían del enorme capital simbólico que tienen los sectores populares del país, el más importante; toda la carga simbólica de la significancia del “ser indígena”; aunque sea contradictoria la realidad en las bases y en las organizaciones indígenas, pues el Estado sigue agrediendo consiente y premeditadamente sus derechos, sin embargo el “ser indígena” con todo ha entrado en proceso de incorporación como “sujeto de derecho”, como “ciudadano” reconocido por la estructura estatal, que es lo más importante por la sociedad boliviana en su conjunto. Este hecho es el verdadero proceso de cambio que como todo cambio genera traumas y conflictúa la realidad e intereses de los sectores que anteriormente eran los únicos “ciudadanos de primera clase”.
Las comunidades de las pueblos indígenas tendrán que esperar, trabajar y seguir luchando por el respeto a sus derechos como pueblos, pues el reconocimiento actual aún no ha pasado la frontera de lo discursivo; esa lucha estará principalmente en las instancias legislativas del Estado, pero también en las calles y en las comunidades de base, pues una vez reconocidos están obligados a enmarcarse en el sistema estatal; también habrá que tener cuidado de que este empoderamiento de las categorías simbólicas del mundo indígena no genere con el tiempo otro proceso de segregación.
Sociólogo
Subir Número de impresiones: 926 Actualizado Sábado, 05 de Diciembre de 2009 05:26
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